domingo, 28 de abril de 2013

Cultura Líquida


Mi amiga Susana escribía la pasada semana en Facebook "mi pasión por Madrid se gestó también en los Renoir" y se lamentaba de que su hija Marina ya no podrá gozar de esa posibilidad cuando crezca. 

Efectivamente, se puede calificar el cierre de Alta Films de auténtica estocada al cine en España de ese que llaman “de autor” (de no mediar un milagro). 

Todo un referente del buen cine, además de una distribuidora que garantizaba la proyección de "otro tipo de películas". Su cierre se traducirá en una cartelera más pobre en definitiva y en un poder más monolítico de las grandes multinacionales de la industria del séptimo arte.


Seguramente la popularidad de Haneke, Moretti, Leigh o Gutiérrez Alea por citar algunos directores, no sería tal de no haber existido ese tipo de salas. Por no hablar de la afición a ver las pelis en V.O, que tampoco sería la misma. No olvidemos que hasta no hace mucho, por la gracia de Dios y del caudillo, muchas personas en España pensaban que James Dean o Ava Gardner hablaban la lengua de Cervantes, con acento castellano manchego…

Trayendo el asunto a Sevilla: ¿Cuánto se empobrecería nuestra cartelera de cine si desapareciera el Avenida, como ya ocurriera con el Corona?

Indudablemente, la crisis económica vuelve a estar en el epicentro de todas las explicaciones que se están dando al porqué de la liquidación de tantas salas de cine; también de teatro, de exposiciones, de conciertos... Pero además de las políticas de austeridad impuestas por los bárbaros del norte y aplicadas con sumo gusto por sus correligionarios hispanos, no debemos pasar por alto el sinsentido que está suponiendo en el mundo de la cultura la subida descomunal del IVA en nuestro país. (Albert Boadella nos recordaba recientemente que las revistas porno soportan un 3% e ir al teatro el 21%)

Tampoco menospreciemos los daños de la piratería o el poco calor y apoyo de las televisiones públicas a la producción o compra de derechos de un cine distinto.

Por cierto, somos muchos los andaluces que tenemos la esperanza de que la nueva dirección de Canal Sur imponga un cambio de rumbo. Somos muchos los que llegamos a sentir vergüenza ajena ante algunos de sus programas. Somos muchos los que no nos vemos reflejados en la imagen de una Andalucía por la que campan a sus anchas niños que se comportan como viejos prematuros, aspirantes a estrellas de la copla, humoristas que perpetúan modos y acentos en blanco y negro. Somos muchos, en definitiva, los que creemos que la Cultura no se puede medir exclusivamente por cuentas de resultados y audiencias y que una televisión pública ha de tener una función social. No digo que ilustre, sólo pido que respete y no idiotice al espectador.

Los criterios de servicio público y de atención a audiencias heterogéneas parecen olvidarse en la mayoría de las televisiones públicas.

No olvidemos que la industria española del cine paga sus impuestos en España (obvio) y genera empleo aquí. Sin embargo, la cuota de mercado de las distribuidoras en el caso español presenta un desequilibrio de 18% frente al 82% a favor de las poderosas multinacionales. En Francia es del 50%, en Italia del 41% o en Dinamarca del 57% en lo que a cuota de cine independiente frente a esas “majors”.

¿Tan difícil resulta garantizar una mayor cuota de pantalla en nuestros cines para las películas españolas y europeas? Sería también una forma de hacer Europa. ¿Y tan difícil resulta obligar a nuestras televisiones en la compra de derechos y programación, que refuerce este tipo de producciones? Si esto se llama proteccionismo, soy proteccionista.

Luis María Ansón, miembro de la Real Academia Española y libre de cualquier sospecha de flirteo con la izquierda política, nos decía en su artículo "Rajoy o el desprecio por la cultura", que “el Presidente se pasa por el arco del triunfo el potencial cultural de España.”

Pues sí: son
malos tiempos para la lírica. Se ha impuesto la política suicida de la austeridad a ultranza y aplicada fundamentalmente sobre los sectores de población más vulnerables y sobre gastos sociales, de educación y cultura.

El apoyo a los creadores en cualquier vertiente parece haberse convertido en una reliquia histórica y se asienta la idea de que
los que quieran cultura que la paguen. La cultura es un lujo. Por supuesto, no se admiten números rojos.

Cuanta miopía!!!! 

La ministra de cultura de Islandia, Katrin Jakobsdottir (en la foto) está protagonizando un agradable episodio político al hacer de las industrias creativas pieza fundamental en la remontada al colapso financiero que tuvo su país en 2008. La cultura convertida en un pilar fundamental de la buena salud de una economía alejada de pelotazos financieros y del dinero fácil.

Por nuestra parte, el panorama en Sevilla dista bastante de ser halagüeño. Corremos el serio riesgo de una descapitalización de nuestro tejido cultural y creativo. Sin idealizar la situación anterior a la crisis, la miopía municipal, junto con el interés desproporcionado por los grandes eventos de impacto publicitario que acaban consumiendo gran parte del presupuesto municipal destinado a cultura (ahí tenemos la exposición de las santas de Zurbarán), no ayudan precisamente a revitalizar el sector, sino más bien todo lo contrario: Se cierran salas (Fli y Endanza, de momento), se deja de apoyar a festivales consolidados (Perfopoesia o Contenedores, por ejemplo). Por no hablar de la situación incomprensible en la que se encuentra la próxima edición de la Bienal de Flamenco, que a estas alturas de año está en algo muy parecido al limbo: Sin dirección. Sin programación. Sin planificación.

Mención expresa merece la desprotección urbanística aprobada en pleno municipal con los votos del PP de 9 edificios que son o han sido cines. Edificios, para más inri, de arquitectos vinculados a la historia de la ciudad como Talavera, Aníbal González o Espiau, es decir, de alto valor patrimonial que, sin embargo, a partir de ahora tendrán más fácil su conversión en viviendas. Más viviendas. Más viviendas…

En este panorama un tanto oscuro, cabe destacar un proyecto que va camino de convertirse en un icono de la resistencia: La recuperación del Gran Teatro Cervantes, un proyecto de los gestores actuales de la Sala Cer
o (Ángel y Elías) que supondrá dotar a nuestra ciudad de un espacio de gran formato para las artes escénicas, el cine y la música.

Indudablemente este proyecto de ciudad, que implica una rehabilitación costosa, requerirá la implicación de las administraciones públicas puesto que, como los propios promotores se encargan de repetir "esto va más allá de un proyecto empresarial".

La Cultura ha de ser (ES) un derecho irrenunciable de la ciudadanía. ¿Cuantos sevillanos no han podido ir nunca al Teatro de la Maestranza debido exclusivamente a sus circunstancias económicas? ¿Hay que recordar cómo se financió este equipamiento que, como tantos otros, parece tener un muro invisible para una gran parte de la población? ¿Será que nos conformamos pensando que esta gente se conforma con ese programa de la Copla, como quiera que se llame? Todos tan conformes, ¿no?

Acabo como empecé. Mis primeros recuerdos de cine, donde se me inoculó el virus de la cinefilia, tienen lugar en Los Boliches, cuando yo tenía la edad de Marina. Desde entonces hasta ahora esa
infección me ha venido intoxicando gracias a la existencia de salas como las Renoir o el Avenida. Espero que en el futuro ella pueda desarrollar esta misma pasión, pues considero que es una de las mejores cosas que le podrían suceder, en un entorno en el que la cultura sea algo más sólido. Menos líquida.



6 comentarios:

  1. Gracias, Antonio. Siempre nos ilustras con tu cultura e inquietud. Subrayar lo de las coplas y niños cantarines de Canal Sur (a mí también me da vergüenza ajena). Y matizar que La Diputación de Sevilla lleva dos mandatos acercando el Teatro Maestranza a los ciudadanos de la provincia a través de los Ayuntamientos, ofreciéndoles entradas para los ensayos generales.

    ResponderEliminar
  2. Gracias Concha , desconocía el programa de la diputación al que aludes . Creo que se podría algo similar para los 11 distritos de Sevilla enfocado a las familias con renta baja.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Por supuesto! Sería maravilloso. Pero impensable con un gobierno de derechas. Aunque sí podríais proponerlo. Diputación le ofrece unas 50 entradas a los ayuntamientos y ellos ponen el autobús. En este caso, se lleva con rigor el que participen todos los ayuntamientos con un criterio cronológico de solicitudes, sobre todo los de menos de veinte mil habitantes, a quien, como sabes, van dirigidas fundamentalmente las políticas provinciales.

      Eliminar
  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  4. Querido Antonio, tristemente, a tu última pregunta, debo responderte que sí, que la sociedad está conforme. No sólo Sevilla, también Europa me produce melancolía. De alguna manera más sutil, la profecía de Bradbury en Fahrenheit 451 se hace cierta.

    Juan Pablo

    ResponderEliminar
  5. Por cierto, ¿qué uso le dará el Ayuntamiento de Sevilla a las 200 y pico de entradas para los ensayos generales del Maestranza que, como miembro del Consorcio, puede obtener? ¿Las pedirá el Servicio de Protocolo y las repartirán a sus amistades, altos funcionarios, etc.? ¿Ni siquiera las usarán todas?....
    Buenas preguntas para la Oposición.

    ResponderEliminar