sábado, 13 de abril de 2013

Democracia Política, Dictadura Económica



 
  Una nueva zozobra se ha adueñado de la eurozona tras el fallo del Tribunal Constitucional portugués que obliga a la restauración presupuestaria de algo más de 1.300 millones  de euros, que habrán de ser destinados a atender la paga extra de los funcionarios lusos, además de otras cantidades para pensiones y subsidios por desempleo.

Las instituciones europeas se han apresurado a dejarle claro al gobierno portugués su obligación de ajustar (recortar) los presupuestos en esa cantidad, toda vez que ello forma parte del compromiso adquirido para reducir el déficit. De no ser así, la Comisión Europea ha amenazado al presidente Coelho con no transferirle los 2.000 millones de euros del programa de rescate.

Se avecinan, por tanto, nuevos recortes para los portugueses, cómo no, en educación, sanidad y servicios sociales entre otros.

Un nuevo sobresalto en esta Europa de la moneda única, alejada cada vez más de las necesidades de sus ciudadanos.

Resulta cuanto menos paradójico la papeleta del gobierno portugués sencillamente por tener que actuar y cumplir la sentencia de su máximo Tribunal. Bruselas y Berlin ya le han dejado claro al gobierno portugués que no quieren saber nada de cómo ni de dónde van a recortar. Lo único que les interesa es el cuánto y el ya.

Hablando claro: cumplirán la sentencia y darán un nuevo apretón a las capas más débiles económicamente.

Estamos ante un ejemplo más de esta "democracia secuestrada" que impera en la Unión Europea, donde dan igual los programas electorales de los partidos políticos que gobiernan al final el país de turno, pues sencillamente acaban aplicando medidas que no figuraban en ese contrato con los  ciudadanos que deberían ser lo establecido en dichos programas por el que accedieron a gobernar.

Borges le recordaba a Sábato en 1975 en los diálogos mantenidos y publicados entre ambos que "un político está buscando siempre electores y dice lo que esperan que diga. En el caso de un discurso político los que opinan son los oyentes, más que el orador. El orador es una especie de espejo o eco de lo que los demás piensan. Si no es así, fracasa."

En la actualidad, y nuestro actual gobierno de la nación es buena prueba de ello, se ha dado una vuelta de rosca más, pues estamos asistiendo a un periodo donde la distancia entre lo dicho o prometido durante las elecciones y las políticas adoptadas son la noche y el día.
 
Este gobierno está haciendo buena aquella frase de  Orwell de que "el lenguaje político está diseñado para hacer que las mentiras suenen a verdades y que sea respetable el crimen".

A mí esto me da miedo.

Una de las principales consecuencias de las mentiras y las injusticias de las políticas actuales es que provocan un panorama poco alentador y un entorno propicio para alimentar el desapego de los ciudadanos por la política.

Hemos sustituido los fantasmas de cuando éramos niños, por realidades tan aterradoras con nombres como la Troika, la Merkel, los mercados, la prima de riesgo, o los desahucios. Fantasmas quitasueños que son realmente los nuevos  bárbaros del norte que amenazan nuestras ilusiones como personas, nuestros proyectos profesionales y políticos y, en algún caso, incluso las vidas de ciudadanos que no han podido soportar la presión de deudas y situaciones dramáticas en torno a sus viviendas o sus trabajos.

En nuestro país habría que sumar las horas bajas de una institución como la Corona, que está despertando de su letargo a un republicanismo dormido, pero no muerto, en la mente y el corazón de mucha gente. Esta monarquía cada vez se parece más a esos equipos de fútbol (o balonmano)  que, estando al final de la tabla, van camino de la segunda división y no dan una a derechas, todo les sale mal y tienen hasta una supuesta mala suerte. Digo esto porque resulta que el muchacho alto, guapo y ex deportista de nuestra Corona, tendrá (el pobre) que irse a Catar a trabajar; poco importan sus juicios pendientes o que no exista tratado de extradición entre España y ese país del golfo pérsico. Pobrecito con “la calor” que debe de hacer en ese país colmado de oro negro en su subsuelo. Pues nada, la monarquía sumando  puntos en forma de cabreo al ciudadano de a pie.


Al hilo del Gürtel y del Bárcenas, nos contaba recientemente Suso de  Toro que el PP “es un partido podrido, absolutamente minado por la corrupción y que en cualquier país democrático lo normal hubiera sido desprenderse de algunos ministros”. Pero nos recuerda también el autor gallego que este gobierno se sostiene en parte porque el PSOE (mi partido desde el año 1983) es incapaz de hacer una reflexión que tendría que ser demasiada profunda. Nos dice que es un partido extenuado y está siendo la muleta necesaria de este gobierno.


Efectivamente, los  compañeros en Ferraz están haciendo gala de una oposición de lowcost.

Se echa en falta un liderazgo con mayúsculas, una cara nueva y una forma distinta de canalizar el descontento de la ciudadanía. Otra manera de entender la democracia y que se oponga de manera contundente a las políticas injustas que, bajo el "mantra" de la austeridad y del cumplimiento del déficit, están suponiendo auténticos torpedos para los cimientos del estado del bienestar y de tantos derechos alcanzados por los españoles en nuestra historia más reciente.


Digámoslo claro, estos recortes tienen mucho de ideológico y poco de económico. La oposición lowcost de Rubalcaba esta anestesiada, tiene poca fuerza para alzar la voz mientras nos sacrifican sin la certeza de que vaya a merecer la pena este  largo y tortuoso camino.

Hago esta reflexión sin menoscabo de sus muchos y buenos aciertos. ¿No nos acordamos cuando el terrorismo era el primer problema de este país? ¿Qué ministro puso las bases del fin de ETA? ¿No se llamaba precisamente Alfredo? Pero ahora corren otros tiempos y son otros los problemas que azotan a España.
 
Hay alternativas para hacer otra política económica, hay otras alternativas para provocar el ahorro presupuestario necesario. Es posible otra política fiscal que saque a millones de españoles de la pobreza y alivie a las clases medias. Es incomprensible no adoptar medidas que reactiven el consumo y la inversión. ¿Para cuándo una regulación de las entidades financieras que garantice de manera urgente el flujo del crédito a empresas y familias?

Resulta necesario rebelarse a que, una vez más,  la caña se rompa por la parte más débil. Tenemos que exigir mayor contundencia en las  propuestas y alternativas. Debemos abandonar esa falta de reflejos y de reacción ante la mentira que nos quieren hacer creer de que sólo es posible una política económica.

De no hacerlo, seguiremos siendo una vieja sirena varada, un desorientado amante lesbiano, mientras otros seguirán sonriéndose a la manera etrusca…
(Dedicado al profesor José Luis Sampedro)

1 comentario:

  1. Concha. Gracias, Antonio. Muy buena reflexión dedicada al magnífico profesor Sampedro. Autocrítica respetuosa. ¡qué bueno eres!

    ResponderEliminar