domingo, 23 de junio de 2013

Sevilla Zarandeada... ¿Será el calor?

Ya están aquí las altas temperaturas, "la caló", que como todos los años ha venido para quedarse tres meses como mínimo.

Ya tienen los informativos de Tele5, Antena3 y TVE carnaza meteorológica para contraponer nuestro sofoco a las maravillosas temperaturas y playas del Levante español. No vaya a ser que a los de Ciudad Real o a los de Talavera les dé por bajar a esta pequeña playa del Sur, de sólo algo más de 800 km., los que van de Ayamonte a Pulpí.

Este asunto de la caló también nos sirve en Sevilla como tema de conversación para romper innumerables silencios: en el ascensor, en la parada de autobús, en el taxi, o en el ambulatorio: Que si este año hace más o menos que el pasado. Que si este año ha empezado antes. Que si este año junio viene más fresquito… En fin, el eterno debate intrascendente que nos entretiene en las situaciones más cotidianas y aburridas.

En estos días de calor dos personajes han tenido sendos reconocimientos en Sevilla. Sería una pena que sus respectivas declaraciones pasaran desapercibidas.

Vaya por delante que siento un profundo respeto por todo aquel que ejerce la noble profesión de rellenar páginas en blanco para deleite de su público. En este caso, aun siendo dos perfiles muy distintos, se trata de dos personas que gozan del reconocimiento de mucha gente. Sin embargo, he de reconocer que no he leído libro alguno de ellos y que ante sus artículos o columnas me cuesta detenerme, si con ellos me tropiezo en los diarios donde suelen escribir.

No obstante, sí que encuentro algunos puntos en común en los titulares de sus reflexiones, que me han dado que pensar.

En primer lugar, D. Arturo Pérez-Reverte no tuvo pelos en la lengua en su intervención en el paraninfo de la Universidad de Sevilla, donde recibió el I Premio de Cultura la Hispalense.

Sabemos que algunas de sus novelas están inspiradas en Sevilla (repito: desconozco con qué grado de acierto, aunque sí recuerdo su reciente polémica al hilo de la película Grupo 7, y lo que él consideraba la Sevilla real, la de “Maderos, yonquis, putas y gentuza” “Esa Sevilla que era cutre en el 92 y lo sigue siendo”).

Es una ciudad que vive ensimismada.

El grueso de los esfuerzos culturales sevillanos pasa por el embudo de las cofradías.

¿Qué pasaría si parte de la pasta invertida en Semana Santa y Feria se destinara a hacer de la ciudad un polo de atracción de cultura internacional?

¿Imaginan una gestión cosmopolita, lúcida y eficaz de tanto arte, arquitectura y belleza?

Venecia, París, Florencia o Salzburgo son algunos ejemplos donde la ciudad debería mirarse.

Las anteriores fueron algunas de las frases pronunciadas por el académico.

El segundo caso es el de D. Antonio Burgos, columnista habitual de ABC, reconocido este año con el Premio Luca de Tena. Este periodista señaló, en una entrevista con motivo de la concesión del mismo:

En Cádiz tengo un paseo con mi nombre y en Sevilla me mandan a paseo.

Sevilla casi perfecta sin ciertos sevillanos
(parafraseando el verso de Machado)

Me preocupan los friquis en las cofradías.

Lo que más me gusta de los sevillanos es el silencio.


En definitiva dos zarandeos a Sevilla en el momento solemne en el que se premia a estos escritores, que en una ciudad tan autocomplaciente como la nuestra podríamos pensar que viene bien.

Se preguntará el lector, entonces, ¿qué tengo en contra? Lo que me disgusta es el maniqueísmo del que se hace gala tanto en el discurso del paraninfo como en la entrevista.

Creo que los esfuerzos que esta ciudad realiza con motivo de sus fiestas mayores no son incompatibles con la oportunidad continuamente perdida de ensalzar la cultura como bandera y abandonar tanto ombliguismo. No se trata de tener que elegir entre lo moderno y lo tradicional. Sevilla podría tener una potente agenda cultural, que ocupara todo el año, que fuese atractiva internacionalmente y donde la Feria y la Semana Santa fueran una parte más. (Parte importante, señera, pero a fin de cuentas una parte más)

Tampoco creo que sobre nadie, como parece interpretarse de la versión del verso de Machado. No puedo dejar de pensar que a D. Antonio (¡y no me refiero a Machado, por supuesto!) le sobraban por cuestiones fundamentalmente estéticas las ex ministras Pajin, Aído o las mismas hijas del entonces presidente Zapatero, lo mismo que ahora parece que también le sobran los friquis en las cofradías.

Que digo yo, que estaría bien que para la próxima vez que lo entrevisten, nos aclarara D. Antonio (no Machado, por supuesto) qué haría él con tanta gente como le sobra. Yo le propongo una idea que puede que le guste: enfundarlos a todos en un mono gris, con una letra F –de friqui- bordada en el pecho, encerrarlos en un patio de vecinos y después arrojar la llave al Guadalquivir. Patio de vecinos construido ex profeso en la calle que llevará su nombre (que la llevará, estoy seguro, no se preocupe usted, D. Antonio, tiempo al tiempo. Usted tranquilo, que tendrá lo que haga falta: una calle, una medalla, un azulejo y hasta una escultura junto a la de la Duquesa de Alba en los Jardines de Cristina).

En serio: Huyamos de la autocomplacencia que nos hace caer en el error de que "somos los mejores", pero huyamos también de tanta postura pontificada sobre una ciudad única, donde sólo caben los que comulgan (nunca mejor dicho) con una forma de entender y vivir la ciudad de manera unidireccional.

Zarandeos sean bienvenidos para reflexionar en tolerancia, entre otros valores.

No sé. Quizás la culpa de tanto dislate sea de la caló. Hay quien dice que afecta a las neuronas.

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