jueves, 4 de julio de 2013

INCENDIOS



El título de esta entrada hace referencia a la novela de uno de mis escritores favoritos: Richard Ford.

Cada verano, cuando los telediarios abren un día sí, y otro también, con las imágenes de estas catástrofes que arrasan bosques y montes, no puedo evitar acordarme de ese libro.

La novela relata una serie de fuegos descontrolados y la consiguiente lluvia de cenizas que durante un verano modificará el paisaje natural y, lo que la hace aún más interesante, el paisaje personal y sentimental de los habitantes de Great Falls (Montana, EEUU)

Protagonistas: un padre frustrado, siempre esperando un boom petrolífero que nunca llega; una madre enamorada de otro hombre y, sobre todo, el hijo de ambos, atónito espectador y vínculo con el lector.

Si no la han leído, háganlo. Estoy seguro de que este libro puede ser un buen compañero para este período estival.


Además, les invito a que hagan el siguiente ejercicio de imaginación conmigo: identifiquemos esa lluvia de cenizas con otra mucho más cercana, aunque igual de gris, la lluvia de medidas de ajuste, políticas de recorte y eliminación de servicios públicos. Consecuencia de ese enemigo ficticio que nos venden como el pirómano mayor, llamado Sector Público. Un enemigo al que hay que combatir con uñas y dientes, hasta reducirlo a su mínima expresión o, como tanto le gusta decir a los neocon (y no sólo del PP): hay que eliminar a toda costa la grasa sobrante.

El padre frustrado de la novela, bien puede asemejarse al arquetipo del español de clase media. Ese hombre que, durante los últimos años, tenía acceso relativamente fácil a la financiación en unos bancos y unas cajas que hoy le dan con la puerta en las narices. Justo en el momento en que más lo necesita, por cierto, pues lo más probable es que esté en paro.

En cuanto a la madre infiel, me la imagino como muchos de esos estudiantes, científicos, ingenieros, médicos... esas personas que viven otra vida, alejadas de su familia, de sus amigos, de su gente, hablando otro idioma y sin posibilidad o, sin ganas, de volver a un país que las expulsó y que no tiene nada que ofrecerles.


Por último, nos queda el gran protagonista de la novela. Es bien fácil asimilar a ese adolescente con los miles y miles de jóvenes que se encuentran en estos momentos en el instituto o en la universidad, atónitos y desesperanzados ante una realidad que no tiene un futuro para él y que, además, no entiende que personajes como el Sr. Wert estén haciendo todo lo posible para borrar de un plumazo cualquier atisbo de oportunidad.

En español “Great Falls” se traduce como “Grandes Cascadas”. Curiosamente, también quiere decir Grandes Caídas… Huelga decir a qué me recuerda.

La crisis económica ha desembocado en un cambio de rumbo en este país que, si ahora es doloroso, resulta inquietante cómo devendrá a medio y largo plazo. El recorte de derechos sociales está abriendo heridas cuyas cicatrices, si alguna vez esas heridas llegan a cicatrizar, se prevén imborrables.

Tenemos un gobierno que está poniendo en marcha políticas y medidas totalmente contrarias a lo que prometió para llegar al poder. Y, lo que es más grave, se ha convertido en un bombero pirómano, ese que apaga fuego con gasolina.


La situación es sencillamente indignante, por mucho que la sinfonía gubernamental de mensajes oficiales intente diariamente inyectarnos dosis de optimismo sobre la inminente llegada de nuestra recompensa. Nos venden una tierra prometida tras esta dolorosa travesía. Pero ¿quién restituirá tanta lesión de derechos, tantos malos momentos, tanto bien público privatizado para hacer caja con el engaño de una mayor eficiencia, quién pagará por estos "crímenes de democracia"?


Lo justifica, además, con la promesa de una luz al final del túnel que la ciudadanía nunca llega a vislumbrar. Nos piden un acto de fe. Algo poco menos que imposible, cuando se van sucediendo noticias de difícil comprensión relativas a aprovechados yernos reales, tesoreros corruptos y banqueros culpables de esta lamentable situación, con impunidad absoluta.


Mientras asistimos indignados y estupefactos a esta Gran Caída, Rubalcaba y sus grandes gurús en la oposición parecen estar conjugando el teorema de Pitágoras y la teoría de la Relatividad para dilucidar el momento exacto en el que presentar una alternativa sólida, que lidere una nueva etapa que pueda volver a ilusionar.


La calle es un clamor, pero estos alquimistas de Ferraz siguen formulando y reformulando. Depurando y redefiniendo ecuaciones, por favor, que no se les moleste, que están pensando… Ni siquiera la sabia decisión de Griñán anunciada la pasada semana ha de distraerles. No es momento, piensan, de acelerar esos cambios. Para ellos, aún no toca. ¿Hasta cuándo? Sólo ellos lo saben.

Los incendios en Great Falls pasarán tras el verano. Me temo que aquí seguiremos pasando calor. Seguiremos achicharrados.

Para más inri, ya ni la Roja ni Nadal consiguen refrescarnos.










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