jueves, 28 de noviembre de 2013

Que no se entere Umberto Eco



¿Pueden influir los "Siempre Así" o "El Maní" en que Sevilla pierda un gran congreso?



La arquitectura es la voluntad de la época traducida al espacio" M. Van der Rohe. 

Dime qué construyes y te diré dónde y en cuándo vives. Si por ejemplo construyes pirámides, lo más probable es que seas un Faraón ególatra que se cree un dios mismo y que tiene una indecentemente barata mano de obra a tu disposición para llevar a cabo tamaña empresa. 


Si miramos las innumerables nuevas catedrales que se levantaron a lo largo y ancho de la piel de toro antes de que llegara esa innombrable, la crisis, lo más probable es que fruto de ese afán superlativo y soberbio tengamos ahora un problema de “exceso de capacidad instalada”, por decirlo finamente. Núcleos residenciales vacíos, aeropuertos sin aviones ni pasajeros, estaciones de AVE en las que nadie espera para subirse a ningún tren...

Lo primero que se le está ocurriendo (y parece que lo único que se le está ocurriendo) a algunos es que esas catedrales del despilfarro hay que rentabilizarlas de algún modo, aunque sea paganizando cada metro de ladrillo y hormigón. 

No pueden, no deben pasar desapercibidos los cambios de uso o las orientaciones de ocupación a las que se están sometiendo algunos de esos edificios emblemáticos que se construyeron en Sevilla hace apenas dos días y que estaban -están, no seamos pesimistas- llamados  a ser los nuevos iconos de la ciudad.


No estamos hablando de espacios que, con el paso del tiempo hayan perdido su función original y se les haya buscado una nueva razón de ser. En esta categoría se incluiría el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, por poner un ejemplo claro.

"Se equivocan los que creen que el significado arquitectónico, por su propia naturaleza, ha de denotar una función primaria estable" Umberto Eco

No es el caso que nos ocupa, aquí no hay una consecuencia derivada del paso de la historia, aquí se está imponiendo la miopía del corto plazo y la obsesión de rentabilizar como sea y a costa de lo que sea.

Se echa en falta ideas y proyectos más imaginativos que no desvirtúen usos, espacios, conceptos, necesidades, oportunidades, por mor de una postura cómoda. Se ha tocado arrebato del "todo vale". Se olvida que esas actividades impropias pasan a formar parte del ADN del edificio y se infravalora el daño a la imagen que puede representar para el futuro hipotecando actividades más acordes con la vocación natural del mismo. 

Preocupan los indicios de prostitución de edificios recientes que pueden estar produciendo desconcierto y estupor a la vista de la función que se les está atribuyendo. Quieren hacernos ver que cualquier cosa cabe en cualquier espacio, si esto ayuda a aligerar la crisis. Pero lo cierto y verdad es que un cubo no cabe en una esfera. Y viceversa. Por mucho que empujen, lo que no encaja, no tiene encaje. 

Hay en concreto dos casos que de manera sibilina y silenciosa se han colado en el actual panorama sevillano, como se cuela un intruso con cuatro copas de más para aguarnos la fiesta.

El primero es FIBES y su nuevo auditorio. ¿Como valorar el uso mayoritario para concierto musicales que se le está dando? ¿No nos habían convencido de que su construcción era imprescindible, porque Sevilla perdía año tras año muchos grandes congresos que no cabían en el antiguo FIBES? ¿No era su ampliación condición sine qua non para jugar en la Champions de las capitales de congresos?

Ahí lo tenemos ahora. En vez de miles de congresistas de medio mundo que iban a colapsar nuestro endeble aeropuerto, el recinto se llena todos los meses con ciudadanos de Sevilla y alrededores para ver y escuchar a Paloma San Basilio, a Bisbal o Raphael... (Por cierto, no hace falta que relacione los auditorium y teatros con que cuenta la ciudad para dar cabida a los bisbales y CIA)

A ver si no vamos a poder presentar una candidatura para optar a un gran congreso internacional, porque en esas fechas se va a conmemorar el 21 aniversario de "Siempre Así".

El segundo ejemplo, el Pabellón de la Navegación. ¿Como valorar la ocupación de estos días de uno de los edificios mas emblemáticos y singulares que tenemos de arquitectura moderna por “nada más y nada menos” que una fantástica feria del outlet? Sobran los comentarios. 

Si todo vale, todo vale. Propongo que lo siguiente que se organice en el Pabellón de la Navegación sea el mercadillo del charco de la pava. Mejor aún, el de animales de compañía que había en la Alfalfa. 

Una vez abierta la veda, podríamos traernos la Feria del Toro a Santa Catalina. Y que tiemblen las Atarazanas, la Fábrica de Artillería y demás espacios pendientes de uso.

En fin, la pela es la pela. Eso sí, como caiga la venta de entradas en la Giralda, vaticino una droguería en la planta baja y una farmacia en el campanario. 

No sé si Umberto Eco ha tenido el placer de conocer nuestra ciudad, pero si viniera ahora, estoy seguro de que no tendrá más remedio que replantearse su frase a la vista de la interpretación que se le está haciendo.



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