sábado, 21 de diciembre de 2013

TERMITAS

Termitas de allí:

Hay una isla en nuestra cada vez más antipática Europa más cercana al continente africano que al nuestro. Se trata de un territorio identificado en múltiples ocasiones con un paraíso de tintes mitológicos en su historia, paisajes y playas. Asociado a una gran película que protagonizaron Burt Lancaster, Alain Delon y Claudia Cardinale. Basada en la novela El Gatopardo del escritor Giuseppe Tomasi, noble y príncipe de esta isla, Lampedusa.

Desgraciadamente en la actualidad su nombre se vincula a la tragedia y el horror de miles de africanos del Cuerno de África que son víctimas de explotadores y mafiosos que le prometen la tierra prometida europea y acaban encontrando la muerte en el trecho desde las costas de Libia hasta esta isla histórica.

A todo esto añádanle la complicidad no sólo de los dictadores africanos, sino también la apatía y la desidia de los políticos europeos con el rictus serio ante los féretros. Tarde.

Se calcula en más de 1.500 personas en su mayoría procedentes de Siria, Somalia y Eritrea, las que se han ahogado en los últimos tiempos frente a las costas de esta diminuta isla de poco más de 20 kms cuadrados.

En definitiva un episodio más que representa una  vergüenza en la construcción de un edificio, el europeo, afectado por innumerables termitas que están socavando sus cimientos.

Los biólogos estiman en más de 4.000 las especies de termitas, pero hay más. También hay termitas en forma de una política europea que se esfuerza en salvar a la Banca, pero es miope con el problema del desempleo, a la vista de la calderilla que destina a este menester. Otras termitas amenazantes (violentamente, desmemoriadamente), son las del preocupante crecimiento del racismo.

Las relaciones de Europa con los países del Mediterráneo africano no pueden estar protagonizadas por cadáveres flotando en el mar o esas vallas vergonzantes que el gobierno español ha levantado en Melilla. Ese no es el proyecto que nos contaron. Este tampoco es el proyecto que votamos.


Termitas de aquí:

¿Hay termitas en Sevilla? Rotundamente , y al igual que en el caso de la construcción europea, están haciendo de las suyas; en concreto me refiero al ocaso de la industria sevillana.

Sevilla además de mariana fue un enclave industrial: en el siglo XIX capital mundial de las industrias militares, con la Maestranza de Artillería a la cabeza o las menos conocidas Fábrica de Fusiles, de Pirotecnia, Fundición del Bronce o la Fabrica del Salitre.

Podríamos también recordar el glorioso pasado de la industria naval sevillana, desde las Atarazanas hasta los recientemente desaparecidos Astilleros.

Y podríamos recordar la actividad ferroviaria de San Jerónimo en esa maravillosa nave abandonada, o la amenazada Fábrica de Vidrio, o tantas otras industrias que han escrito la historia económica de la ciudad.

Más recientemente, las termitas han terminado con Guillete, Carguill, Induyco; incluso Siderúrgica Sevillana tiene la espada de Damocles sobre su cabeza por la decisión gubernamental de modificar los costes energéticos que la puede convertir en una empresa no competitiva frente a siderúrgicas catalanas o vascas. 

No se salva de esta plaga ni el buque insignia de la ciudad, la industria aeronáutica, bajo amenaza de despidos de cientos de trabajadores. 

Mientras estas termitas han hecho, hacen y harán su trabajo de exterminio, el desinterés del empresariado local es evidente, quizás más seducido por otros sectores de rentabilidad inmediata (vulgo pelotazo). Por su parte, las administraciones siguen en su desidia: desde la local, que antes que mancharse las manos de grasa industrial prefieren la presentación impoluta e inmaculada de un cartel de cualquier efeméride religiosa; a la autonómica y estatal, que no son capaces de liderar junto a las universidades andaluzas y otros centros de innovación el diseño de una estrategia de futuro que actúe como un eficaz insecticida.

En fin, desgraciadamente, Tomasi de Lampedusa se sale otra vez con la suya en su célebre paradoja política, de que habrá que "cambiar todo para que nada cambie".

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