sábado, 22 de febrero de 2014

AMNESIA

(Artículo publicado en El Correo de Andalucía, el 18 de febrero de 2014)


¿Es Sevilla una ciudad agradecida con los personajes relevantes de su historia, especialmente con aquellos que han difundido los valores de justicia, igualdad y tolerancia? ¿Se les profesa el debido reconocimiento?

Indudablemente no es ésta una pregunta de ciencias exactas. Ante una hipotética encuesta ciudadana podríamos obtener tantas respuestas y matices como encuestados: todo dependerá del personaje en cuestión y de lo que podamos entender por un justo reconocimiento.

Son muchos los escritores, músicos o arquitectos asociados de manera indisoluble a las ciudades donde nacieron o desarrollaron su obra. Podría afirmarse que, en vida, ejercieron cierta militancia de su ciudad y que, a su muerte, fue ésta la que, a través de sus instituciones públicas y privadas mantuvo encendida la llama de su recuerdo.

Por citar algunos tándem ejemplares: sería difícil disociar a Barcelona de Gaudí, a Liverpool de The Beatles, a Salzburgo de Mozart, a Memphis de Elvis Presley o por citar algún caso más reciente a Estocolmo de S. Larsson. Binomios que refuerzan mutuamente la imagen y la identidad de l personaje y de sus ciudades de referencia.

En multitud de ocasiones el tributo de las ciudades se traduce en la rotulación de una calle, una avenida, un equipamiento deportivo, cultural o educativo. Algunos(los más afortunados) hasta cuentan con escultura propia.

Sin lugar a dudas este tipo de reconocimientos resulta en la mayoría de las ocasiones insuficiente. Hay otras posibilidades infinitamente más interesantes y de mayor calado, aunque sin duda requieren de un mayor esfuerzo. Me refiero a intentar impregnar a la sociedad de esos valores de los que hicieron gala esos personajes o, al menos, provocar una amplia divulgación y un mayor conocimiento de su obra. Es una forma de hacer ciudad.

En ese sentido, las efemérides o conmemoraciones representan una oportunidad de primer orden para difundir, reivindicar todo el valor de la vida y obra de dichos personajes. Esos aniversarios representan también un buen pretexto para generar unas actividades culturales, educativas e incluso turísticas (y lúdicas). Sugieren por tanto una clara oportunidad para generar economías que contribuyan en su medida a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

Desconozco la composición del PIB de Bayreuth, pero me suena a que le debe un alto porcentaje a Wagner. Claro ejemplo de que cultura y turismo no tienen por qué resultar incompatibles.

Por ello, causa cierto estupor las oportunidades perdidas de Sevilla para conmemorar de manera potente aniversarios recientes que han pasado prácticamente sin pena ni gloria. En cualquier caso, cuando se ha hecho algo, ha sido gracias a la sociedad civil que en la mayoría de las ocasiones ha contado con un tímido y miope apoyo de nuestro Ayuntamiento. En otros casos ni tan siquiera eso.

Cómo llamar, si no, a lo acontecido el pasado año con el 50 aniversario de la muerte de Cernuda o con la efeméride del traslado de los restos de Bécquer a nuestra ciudad, hitos ambos reducidos a su mínima expresión. Y este año se apuntan nuevas oportunidades perdidas en torno a las figuras de Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez. A ver qué pasa.

Indudablemente además de asociaciones privadas hay algunas instituciones haciendo los deberes, pero es denunciable la pasividad y la desidia del ayuntamiento de Sevilla.

Si viviera hoy, Cernuda no se sentiría diferente. No sería él. No sentiría su presencia en la ciudad. No vería su huella. Sería, en definitiva, uno más.

Si viviera hoy, Machado apenas vería un letrero en la casa (de Alba) donde nació. De su obra poética, sí, pero de su crítica social, tan necesaria, tan actual, apenas conoceríamos nada.

Si viviera hoy, Bécquer agacharía la cabeza al pasar frente a la Venta de los Gatos. No por vergüenza, sino para que no le cayera un muro encima, del mismo modo que ha caído en el olvido su obra periodística.


Si viviera hoy, Juan Ramón Jiménez observaría con terror la muerte deshumanizada de su amado Platero. De la poesía, en fin.

Desgraciadamente Sevilla cuenta con un gobierno municipal que parece sentirse cómodo sólo en las actividades de desfile y pandereta. La vulgaridad de las televisiones y la poca importancia otorgada a la cultura hacen el resto. Quizás sea el signo de los tiempos, lo cual no quiere decir que sea el signo único y definitivo.


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