domingo, 9 de marzo de 2014

El capricho de un helicóptero

 "Yo para ser feliz quiero un camión".

Una de las señas de identidad del batacazo español en esta crisis económica es el conjunto de obras y equipamientos que han supuesto un despilfarro en toda regla a la vista del uso (o desuso) que están teniendo .
De Norte a Sur, de Este a Oeste, nuestra piel de toro se ha llenado de aeropuertos sin aviones, de palacios de congresos sin congresistas, de estaciones de AVE sin pasajeros, de museos sin visitantes, de piscinas municipales con capacidad para siete pueblos y de centros comerciales donde los carteles de "se vende" o "se alquila" predominan sobre los de Zara, HM o La Sureña.


"Yo para ser feliz quiero un camión".

Parece que los tiempos de los delirios de grandeza han pasado a mejor vida, aunque estoy seguro de que la propía naturaleza humana y la pérdida de contacto con la realidad que conlleva  a veces el ejercicio del poder, harán que vuelvan  cuando el crecimiento económico se asiente en nuestro país. Mientras tanto, no esta el horno para bollos. Y mucho se cuidan los gobernantes, la banca y las empresas de emprender obras faraónicas. Aunque la verdad es que sencillamente  no hay dinero.

"Yo para ser feliz quiero un camión"


Pero Houston, tenemos un problema. Pues metiéndonos en la cabeza de algunos gobernantes, estoy seguro de que a muchos les debe obsesionar lo siguiente "¿Para qué he venido yo aquí?  ¿Para qué he ganado yo las elecciones, para administrar miserias?"

La  necesidad de las continuas fotos y la ausencia de grandes obras propicia que veamos a alcaldes inaugurando el asfaltado de una calle o la poda de un naranjo, o jugando a la petanca con algún que otro jubilado y por supuesto, presente en todos los quinarios, triduos y novenas que se precien, amén de otros actos posibles donde ven la luz publica carteles de todo tipo.

"Yo para ser feliz quiero un camión"


Pero Houston, seguimos con el problema. El alquitrán, el cartel de la virgen del Pompillo, o la foto con algún joven que gane un programa televisivo y que sea de la localidad se torna insuficiente. ¡Quiero más! ¡Quiero mas! Debe de decir mientras duerme el gobernante insatisfecho.

Si Loquillo y sus Trogloditas para ser feliz querían un camión. YO QUIERO UN HELICÓPTERO. Es mi capricho, será mi rotonda. Además, la aeronave me la regalan, sólo tengo que pagar las obras de instalación: algo más de 180.000 euros, que más dan otras necesidades más urgentes de los ciudadanos.




Será mi huella del mandato, será mi legado para las generaciones venideras. Con suerte algún día el helicóptero podrá llamarse como yo.

Yo quiero un helicóptero.

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