domingo, 30 de marzo de 2014

MENTIRAS

 
"Anticípese, no espere a tener una mala experiencia, no les dé la oportunidad de que aparezcan o se desarrollen. Totalmente natural, muy económico, sin olores, respetuoso con el medio ambiente y la salud. Lo que siempre ha querido ahora al alcance de su mano."

Probablemente la mayoría de los lectores habrá pensado en un producto para aniquilar algún tipo de insecto o roedor. Igualmente podríamos referirnos a algún remedio para evitar la aparición de humedad en techos y paredes de nuestras casas. Si nos colocamos en alguna posición más rebuscada también se podría pensar en alguna pócima mágica para evitar la aparición de las canas en nuestro cuero cabelludo o incluso en algo para evitar la caída del mismo.

Y si se nos fuera la olla podríamos referirnos al mundo de los sentimientos, por ejemplo, a algo que nos ayude a mantener cierta distancia con los enamoramientos para no sucumbir a la frustración cuando pueda llegar el desamor. Esto sería rizar el rizo.

Sería menos complicado pensar en el poder de los ciudadanos a través del derecho al voto para poder prevenir los  desaguisados provocados por algunas decisiones políticas.

Es evidente que muchas malas sorpresas de nuestro día a día  tienen su origen en decisiones tomadas por el gobierno de turno. Una forma de evitar esos imprevistos sería no votar a los partidos políticos que dicen una cosa y hacen otra. No deberíamos tolerar que siempre encuentren el argumento para justificar por qué suben los impuestos cuando prometieron bajarlos, por qué recortan derechos básicos cuando estos se encuentran incorporados y consolidados en nuestra vida cotidiana, por qué se renuncia a promesas electorales realizadas y demandadas para dar paso a un "si te he visto no me acuerdo". En fin podríamos poner mil y un ejemplos. Se trataría de prevenir los torrentes de falsas promesas y frases huecas que caracterizan demasiados episodios en las campañas electorales.

No hay que resignarse a la idea de Maquiavelo de que "la política no es la forma en que los ciudadanos eligen su futuro, sino la forma en que los mercaderes hacen que otros gobiernen a favor de sus intereses pero en nombre de las mayorías". No hay que resignarse a la política como farsa.

El único insecticida con el que contamos no debería ser el voto cada cuatro años. Además de las movilizaciones, concentraciones y protestas, en ese "mientras tanto" deberían existir mecanismos para reevaluar a los gobiernos ante lo que pudiera ser un mero fraude. Debería existir una especie de tribunal electoral ante el que poder denunciar los incumplimientos de lo acordado a través de las urnas entre gobierno y electores. Deben existir maneras de abortar los fraudes con mayúsculas, pues no se puede seducir al electorado con promesas para que una vez en el poder caigan en saco roto.

Incluso antes de llegar a ese extremo, al igual que en el anuncio del principio, deberíamos ser capaces de evitar malas experiencias, no les demos la oportunidad de que puedan engañarnos, votemos para que no crezcan y se desarrollen.


No votar a quien ha mentido es fácil. Es un método higiénico y natural. Está en nuestras manos que la política despierte credibilidad entre la población. Está en nuestras manos que la política sea un vehículo para mejorar nuestra sociedad.

Esto no puede ser un carrusel de promesas incumplidas, de decir una cosa y hacer lo contrario. La gente está harta. Es lógico que aparezcan movimientos ciudadanos ante la falta de interlocución de unas estructuras de partidos demasiado endogámicas e impermeables a muchas demandas y con un exceso de dedicación a cuestiones internas.

"El doctor mancha oscura ataca de nuevo. Un nuevo superpoder es el milagro contra la suciedad". 

Ahora podríamos estar hablando de un detergente, pero no sólo. El superpoder para limpiar la suciedad lo tienen los ciudadanos.

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